EL AVANCE MARÍTIMO PONE EN JAQUE A LAS COSTAS ESPAÑOLAS

 

  • PUBLICADO POR: RICHY GARCÍA
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Un caso extremo se vive en la costa mediterránea, donde el mar ha elevado notablemente su nivel, arrasando con la primera línea de casas en varias ciudades, desde Tarragona a Alicante. La situación es tremendamente comprometida puesto que ya el agua entra directamente en las casas, ocupando totalmente el espacio que antes era una playa.

El suceso se precipitó con el reciente temporal del Mediterráneo, que dejó daños como paseos marítimos destruidos, calles embarradas, playas sin arena y chalés apuntalados.

 

EL ABANDONO OFICIAL ANTE LA DESGRACIA

La situación es idéntica en La Casbah, Albufera, donde el agua ha barrido los cimientos de varias casas. Vecinos de la zona plantean que desde hace al menos 20 años han notado que la línea de costa retrocedía, y que “se veía que esto iba a pasar”. Ahora temen que los desalojen por inhabitabilidad de las viviendas.

Hay allí un muro construido en 1970. La gente se queja del Estado, planteando que a pesar de cobrar impuestos altos y haberles vendido el terreno hace años, ahora no se encarga de construir una escollera que ayude a contener las arremetidas del mar.

No obstante, la situación no es fácil si se tiene en cuenta que hace 100 años España tenía el 70% de su franja costera sin ocupar, y ahora sólo queda el 30%. La pregunta que surge de inmediato es ¿se protegerán las casas o se revisarán las prácticas urbanísticas vigentes? ¿Es viable mantener una playa artificialmente sólo con dinero público?

El problema es que las leyes se han ido flexibilizando con el tiempo: en 2013 se reformó la Ley de Costas, derogando la de 1988, que planteaba recuperar todo terreno inundable a partir de 2018. En 2013 se otorgaron 75 años más de concesión, entre otras cosas. Ahora la ley obliga a proteger las viviendas y para eso se requieren escolleras pagadas por todos los españoles. Más cemento contra el mar.

Mientras este complicado debate se da, los pobladores de las costas ven cómo el mar se va tragando sus propiedades y, lamentablemente, desde Madrid el problema se ve mucho menos grave.